Sembrando en el Resguardo Embera Drúa - Florencia
Fotografía: Jesús García.
Por Jesús Anderson García Rivera
Ingeniero Agroecólogo
Para discutir sobre el agro
colombiano en el marco de una cruenta guerra desarrollada por más de cinco
décadas, debemos empezar planteando las causas del conflicto armado en
Colombia, dentro de las cuales se destacan según Aurelio Suárez Montoya, en "la
incapacidad del Estado Colombiano en garantizar un modelo moderno de desarrollo
de la agricultura caracterizado por promover los principales factores de la
producción agrícola, a saber: tierra, agua, capital o trabajo, tecnología, y
crédito". Entre los dos primeros "el modelo agrícola colombiano se ha
caracterizado por tener una amplia disponibilidad de estos factores pero mal
distribuidos o utilizados dadas la alta concentración de las mejores tierras y
cuencas en mano de unos pocos propietarios; así mismo el capital, si bien se ha
dinamizado a través de la historia, este se concentró en unos pocos
propietarios que promovieron modelos ineficientes de producción agrícola" lesionando la armonía que debe existir entre todos los factores; ahora el
Estado también "ha sido incapaz de promover la inversión en tecnología y
créditos para los labriegos del campo, exponiéndolos a su vez a una voraz
competencia internacional que configura la antidemocrática distribución de la
tierra, la destinación de las mejores tierras a actividades de poco ahorro y
tan solo la valorización de los activos –como la ganadería-, causando el grave
atraso y postración digno de un modelo semifeudal".
Ahora bien, si a lo anterior
le sumamos lo propuesto por Ana María Ibañez en su libro sobre El Desplazamiento Forzoso en Colombia, disponible en (http://bit.ly/1SGN0uS), en donde hace énfasis en "la
incertidumbre y el temor que despiertan los hechos violentos en los hogares
campesinos", obligándolos en cierta manera a establecer cultivos transitorios
que no aportan a la contabilidad nacional en cuanto que este ciclo económico es
dominado por los grupos armados ilegales en zonas de importancia estratégica
como lo son la Amazonia y los Llanos Orientales. Esto nos obliga a pensar según
lo reflexionado por Kalmanovitz (http://bit.ly/1UnYMta), que existe un enorme reto para que "el Estado
formalice la producción agropecuaria en dichas zonas y reoriente la agricultura
hacia la seguridad alimentaria con cultivos de tardío rendimiento como el maíz,
la soya, el fríjol, la lenteja, entre otros"; además de brindar las garantías
para que estos productos tengan precios de sustentación. Sin embargo, es
preocupante que el Departamento de Planeación Nacional no este manejando dichos
enfoques, sino dando garantías para que la inversión extranjera siga dirigiendo
la economía nacional, sacrificando importantes recursos naturales poniéndolos
en “bandeja de plata” para que las empresas extractivistas –minería e
hidrocarburos- le den la estocada final al agro colombiano.
En ese sentido y sin
lugar a dudas, la viabilizada opción de paz dada por el posible acuerdo para el fin del conflicto armado entre las FARC y el Estado colombiano, solo brindará menor dolor y desasosiego a miles de empresarios y
asalariados del campo pero no les resolverá sus problemas estructurales,
haciendo necesario que estos sectores se unan para reorientar la agricultura
nacional desde la lucha social por la soberanía y la democracia que hagan del
campo colombiano un lugar digno para las manos y los estómagos de las millones
de personas que padecen el abandono y el hambre en el sur del país. No será un
camino fácil máxime cuando hoy en día con los Tratados de Libre Comercio
aceptados por Colombia están llevando a la ruina a miles de arroceros y
plataneros de la nación a razón de las importaciones masivas de estos productos
a menos precio o por la vía del contrabando. Caquetá tiene el enorme reto de
pensar su agricultura hacia lo diverso y lo complejo de sus paisajes,
biodiversidad y gentes desde el posicionamiento de lo que son los sueños de las
futuras generaciones que hoy aún lo habitamos.
Critica situación en la que aún no hemos podido ordenar nuestro territorio, aún existen unas brechas sociales abismales en las que los más vulnerables son los niños, niñas y jóvenes que se levantan en medio de estas precariedades, de esta voracidad económica. Que oportunidades tendrán en vastas extensiones de tierra enajenados e intocables ¿Como se estará pensando el desarrollo de los connacionales nuestros representantes? si aún vemos a nuestros niños y niñas que no pueden vivir su derecho a la educación porque no hay escuela, o no hay maestro, o porque esta queda muy retirada. Pero si habrán carreteras como la marginal de la selva por la cual se sacará todo nuestro recurso natural. Importancia a lo importante, pero el pueblo, seguimos dormidos, así mismo la deuda con los campesinos es histórica, son la base de una economía, una sociedad y un gobierno que los excluye de muchas oportunidades de desarrollo, capacitaciones, tecnificación, créditos, todo esto que les permita llevar una agricultura más ecológica, sustentable y sostenible.
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