Por Jesús Anderson García Rivera
Ingeniero Agroecólogo y socio de la Fundación Mambe
El Abrazo de la Serpiente, la
celebrada película del riodorense* Ciro Guerra, es un viaje profundo por los
meandros más inhóspitos de nuestra historia amazónica, gracias al estado más
inquietante del cine y de la condición humana, los sueños. Sueños de indígenas
y exploradores que buscan refugiar lo esencial, lo elemental en su memoria.
Rodada en blanco y negro para evocar lo inabarcable de nuestra selva amazónica,
transmitir el respeto hacia ella, pero sobre todo viajar en el tiempo hacia
momentos que marcaron nuestro devenir como territorio en disputa entre chamanes
y evangelizadores, naciones indígenas y colonos, sabios y científicos
exploradores, Colombia y Perú. Dos épocas retratadas: 1903 – 1905, la
expedición del antropólogo alemán Theodor Koch-Grünberg por las selvas del
Vaupés y 1941 – 1953 periodo de las frecuentes exploraciones del célebre
etnobotánico estadounidense Richard Evan Shultes realizó por la amazonia
colombiana integrándose a las comunidades nativas, entendiendo y respetando su
sabiduría y conexión con las plantas.
¿Pero cuál es su aporte al cine
nacional? Para empezar son pocas las películas que se han rodado en la Amazonia
y mucho menos las colombianas. Evidenciando el desconocimiento sobre esta
región, es así que el eje narrativo de toda la historia es la búsqueda
incansable del conocimiento por parte de un payé (sabedor) llamado Karamakate, Koch-Grünberg
y Shultes en dos distintos momentos y en contextos muy adversos de la
intervención de colonos caucheros en la floresta biodiversa, conllevó a uno de
los mayores genocidios de Colombia, colocando al borde de la extinción muchas
de las comunidades indígenas de nuestra parte de la Amazonia.
Una película que
recoge la “visión de los vencidos” y la pone en el lenguaje cinematográfico
para hacerle, a mi juicio, uno de los mejores homenajes a la cuna de nuestra
civilización, nuestros pueblos indígenas y los pictogramas escritos en
ancestrales rocas, que datan de 19.510 años A.P. (antes del presente), nuestra
historia está escrita en piedras. Además del encuentro y diálogo entre las
culturas oriental y occidental que se humaniza gracias al poder de las plantas,
la arquitectura de las malokas, las esculturas en madera, el arte rupestre y
los dibujos de diarios, la exultante música raíz nativa y de cámara, la danza
unificadora, los retratos fotográficos y la múltiple oralidad expresada en los
nueve idiomas presentes en la historia.
Todo esto y más la hacen una
excelente candidata a Mejor Película en Lengua Extranjera de los Oscar de la
Academia 2016, además de los ya 19 premios que ha cosechado en diversos
festivales del mundo, sin embargo, considero que su mayor logro es quedar
revelada en nuestra alma de nación con lo imaginativo, mágico, científico y
profundo del ser amazónico. Una obra que sin dudas hay que verla en la pantalla
gigante y conservarla junto al abrazo eterno del ser humano y la naturaleza
inmortalizados en la memoria.
*Gentilicio del habitante de Río
de Oro en el Departamento del Cesar – Colombia.


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